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viernes, 5 de mayo de 2017

William L. Pierce - Temor a la Difamación



     En la publicación Free Speech, vol. VI Nº 3 de Marzo de 2000, el activista y escritor nacionalista estadounidense William L. Pierce (1933-2002) publicó el siguiente breve texto que hemos traducido (Fear of Smear), donde habla de los permanentes y sistemáticos esfuerzos de gente maligna por amordazar la sagrada libertad de expresión, en vista de su propia conveniencia y llenos de hipócritas pretextos en su cometido, aprobando leyes que no sólo castigan hechos sino que juzgan intenciones, en un afeminado y moralizante esfuerzo, aberración inaudita entre los occidentales pero no sorprendente viniendo como vienen de esos satánicos y falsos seres.


TEMOR A LA DIFAMACIÓN
por William L. Pierce, 2000



Los enemigos de Estados Unidos y de Europa —los enemigos de nuestro pueblo en todas partes— tienen dos principios rectores, dos imperativos:

a) El primero es seguir apoyando los programas racialmente destructivos que ahora están en funcionamiento a la vez que introducen programas más nuevos y aún más destructivos por los medios de comunicación y por la legislación del gobierno.

b) El segundo imperativo es impedir o neutralizar cualquier oposición eficaz a sus programas, es decir, hacer imposible que nuestra gente se defienda.

Por ejemplo, sólo dos de los programas racialmente destructivos que ellos ya tienen funcionando son, uno, mantener nuestras fronteras abiertas a inmigrantes de las áreas de no-Blancos del mundo y, dos, hacer todo lo que ellos pueden para fomentar el mestizaje. Su programa de inmigración, destinado a la inundación de áreas Blancas con hombres de color, es apoyado principalmente por el gobierno.

Su programa de mestizaje, orientado al aumento del grado de mestización racial, es apoyado principalmente por sus medios de comunicación, aunque ellos también usan su influencia entre el clero cristiano y en las instituciones educacionales para conseguir la ayuda de las Iglesias y de las escuelas para impulsar la aceptación del mestizaje entre sus víctimas Blancas.

Una mayoría de gente a la que ellos tienen la intención de destruír es mantenida hipnotizada por los medios de comunicación y no ofrece ninguna resistencia. Una minoría de mentalidad independiente, sin embargo, no está completamente feliz con los proyectos de nuestros enemigos e insiste en hablar claro y a veces en tomar otras medidas contra los programas destinados a destruírlos. Esos disidentes que hablan en contra de nuestros enemigos y sus proyectos son descritos por los medios de comunicación como "odiadores", como "extremistas", o, si la conversación se convierte en acción, los disidentes son denunciados como "terroristas".

En la mayoría de los casos el temor a esas etiquetas, el miedo a ser llamado un "odiador", es suficiente para mantener tranquilos a los disidentes. Después de todo, la mayoría de la gente de mentalidad independiente, al igual que los lemmings, son criaturas sociales. Ellos desean la buena voluntad de sus vecinos, Ellos no quieren ser odiados o injuriados ni tampoco temidos. Ellos tienen familias y empleos. Ellos no quieren que sus colegas o compañeros de trabajo los consideren raros o peligrosos. Ellos no quieren que sus amigos y conocidos entre los lemmings los rechacen.

Los jefes de los medios de comunicación, que son principales entre los enemigos de nuestra gente, tienen de esa manera un arma muy poderosa en su capacidad de etiquetar arbitrariamente como "odiadores" a cualquier disidente que sea lo bastante valiente para hablar claro contra ellos o sus políticas o incluso contra las consecuencias de sus políticas.

Así, cuando el jugador del equipo Atlanta Braves [de béisbol] John Rocker habló claro hace unas semanas, él inmediatamente fue etiquetado como un "odiador" por prácticamente todos los medios de comunicación. Sus comentarios acerca de cómo la ciudad de Nueva York se ha convertido en una pocilga multicultural fueron denunciados como "discurso de odio". La unanimidad de la reacción de los medios de comunicación frente a los comentarios más bien suaves de Rocker nos da una pista de que esas denuncias rituales son un asunto de política deliberada más bien que expresiones simplemente espontáneas e individuales de desacuerdo por parte de los jefes de los medios de comunicación.

En otras palabras, cuando yo o algún otro disidente decimos algo que los jefes de los medios de comunicación encuentran desagradable, el comentario desagradable es unánimemente etiquetado como "discurso de odio". Nunca se trata de que algunos de ellos estén de acuerdo con ello y que otros discrepen; todos ellos lo denuncian como "odio". Yo no tengo que desfigurar mi cara y gritar "Te odio" a fin de ser denunciado como un "odiador". Casi todo lo que digo es descrito en todos los medios de comunicación como "discurso de odio", simplemente porque no es Políticamente Correcto, simplemente porque se desvía de la línea del Partido. Y créame, existe una línea de Partido.

Por ejemplo, mi organización, la Alianza Nacional, distribuye una pequeña etiqueta adhesiva que tiene impresas las palabras: "La especie que está en mayor peligro en la Tierra: la raza blanca. Ayude a preservarla". Eso es todo, además de nuestro nombre y dirección.

Y sin embargo, cada vez que los medios de comunicación comentan acerca de esa etiqueta adhesiva ellos usan la palabra "odio". Ellos la llaman una "etiqueta adhesiva de odio", "propaganda de odio" y otros calificativos por el estilo. Ellos nunca comentan sobre ello sin usar la palabra "odio". Mi gente distribuye algunas de esas etiquetas adhesivas en un área, y un titular histérico aparece en el periódico local: "Residentes alarmados por literatura de odio distribuída en la ciudad", o algo similar.

Ahora, no me diga que ésa es una reacción independiente y espontánea de los jefes de los medios de comunicación cada vez que sucede. Hemos distribuído varios millones de esas etiquetas adhesivas durante la década pasada, y he visto esa reacción cientos de veces, por todo el país, y aquello sucede de acuerdo a un plan. Se trata de una estratagema deliberada, destinada a intimidar a la gente que de otro modo podría responder positivamente al mensaje de nuestra etiqueta adhesiva. Y el hecho de que nuestros enemigos usen su difamatorio calificativo de "odio" contra este mensaje particular confirma lo que mencioné hace un momento sobre sus objetivos genocidas.

Su primer imperativo realmente es destruír nuestra raza. Ellos no insisten en fronteras abiertas porque amen a los inmigrantes negros, morenos y amarillos. Ellos hacen eso porque quieren destruírnos. Ellos no tratan de persuadir a las muchachas Blancas adolescentes de que está de moda salir con negros porque ellos encuentren la combinación de colores estéticamente atractiva. Ellos lo hacen porque quieren destruír a nuestra gente, nuestra raza, nuestra civilización, nuestra cultura.

Ahora, si usted piensa que estoy exagerando acerca de la reacción de los controlados medios de comunicación ante mis inofensivas y pequeñas etiquetas adhesivas, sólo compruébelo por usted mismo. La Alianza Nacional le enviará un paquete de 100 de esas etiquetas adhesivas, con porte pagado, por seis dólares. Consiga un paquete de ellas, péguelas en su comunidad, y luego lleve una a su periódico local, o envíela por correo a su estación de televisión local, y diga que usted las ha visto pegadas en paredes y lugares de anuncios y postes de electricidad, y pregunte de qué se trata esa etiqueta adhesiva.

Si usted habla con un reportero individual, él o ella podría no tener nada específico que decirle, pero si su pregunta provoca una respuesta pública del periódico o la estación de televisión, ella invariablemente se referirá a la etiqueta adhesiva usando la palabra "odio": invariablemente se tratará de una "etiqueta adhesiva de odio" con un "mensaje de odio".

Quiero decir que realmente no hay nada que cualquier persona razonable pudiera considerar "odioso" en pedir ayuda para la conservación de nuestra raza. El objetivo de aquellos que etiquetan ese mensaje como "odio" es difamar e intimidar; aquello está destinado a silenciar a los disidentes, a ahogar el disenso. Y es un hecho desafortunado el que el temor a la difamación por lo general es eficaz. Eso hizo que John Rocker se humillara y pidiera perdón. Es el temor a la difamación el que silencia a muchas personas que de otra manera responderían positivamente o con simpatía al mensaje que está en mis etiquetas adhesivas.

Ellos ven una de las etiquetas adhesivas, y piensan: «¡Así es! La situación de la inmigración está fuera de control. Mi raza realmente está en peligro. Me gustaría ayudar a preservarla. Me gustaría ponerme en contacto con la Alianza Nacional y ver lo que puedo hacer para ayudar. Pero si lo hago, alguna persona Políticamente Correcta podría reportarme a los medios de comunicación, y ellos me denunciarán como un "odiador". Entonces mejor mantengo mi boca cerrada y finjo que nunca vi esa etiqueta adhesiva». Esto es lo que sucede demasiado a menudo. La gente está intimidada por el temor a ser difamada, y los jefes de los medios de comunicación lo planearon de esa forma.

Alguien me envió una copia de un programa de televisión que apareció la semana pasada en el Discovery Channel. Era un programa sobre las Milicias, y en particular sobre un grupo de milicias en Missouri, la Milicia 51 de Missouri o algo similar. Muchos de los miembros de las milicias fueron entrevistados, y muchos de ellos claramente comparten algunas de nuestras preocupaciones y opiniones. Los miembros de las milicias están todos preocupados por la creciente infracción por parte del gobierno de los derechos de los ciudadanos. Todos ellos creen que es correcto y apropiado para un hombre libre tener y portar armas. Todos ellos desprecian al gobierno de Clinton. Todos ellos deploran el asesinato de la familia de Randy Weaver en Ruby Ridge por la policía secreta en 1992, y están horrorizados por el holocausto de Janet Reno [ex-fiscal de EE.UU.] de mujeres y niños inocentes en la Iglesia de la Rama Davidiana en Waco, Texas, en 1993.

Pero ellos están, sin embargo, intimidados por el poder de la difamación que tienen los medios de comunicación. Ellos están terriblemente asustados de ser llamados "odiadores". En el programa vi que ellos repetidamente enfatizaban que no son ni racistas ni anti-judíos. El grupo era enteramente de gente Blanca —al menos, cada una de las docenas de miembros mostrados en el programa era Blanca— pero ellos pidieron perdón por eso; ellos pidieron perdón y dijeron que estaban tratando arduamente de interesar a negros para que se les unieran; ellos simplemente no habían tenido ningún éxito aún. Lamentable, realmente. Y ellos simplemente aman a los judíos. Ellos afirman no ver ninguna conexión en absoluto entre los judíos y los esfuerzos del gobierno para infringir sus derechos otorgados por la Segunda Enmienda [derecho a poseer y portar armas].

Ellos repiten la mentira estándar de una organización Judas de la Segunda Enmienda, Judíos por la Preservación de la Propiedad de Armas de Fuego, en el sentido de que la primera cosa que hizo Hitler cuando él se convirtió en el canciller de Alemania en 1933 fue requisar todas las armas. Son los "nazis" los que están detrás del movimiento de control de armas, dicen ellos, no los judíos. Y uno de los líderes del grupo de milicias de Missouri destacó que el ingreso en su milicia está abierto a todas las religiones y razas. Ellos dan la bienvenida a cada uno, excepto racistas y anti-judíos. Ellos no tolerarán a nacionalsocialistas en su milicia. Es penosamente claro que ellos esperan que sus políticas de ingreso ganarán el favor de los medios de comunicación. Ellos tienen miedo de la difamación y creen que pueden evitar ser calumniados al ser anti-racistas y pro-judíos.

Por suerte, sin embargo, no todos están tan intimidados como para apartar la vista de nuestras etiquetas adhesivas y alejarse rápidamente por miedo, no sea que alguien los vea leyéndolas. Hemos criado un grupo bastante afeminado de hombres en esta generación —un grupo sobrecogedoramente deficiente en coraje cívico— pero quedan todavía unos cuantos hombres de verdad, y unas orgullosas mujeres Blancas también. Los jefes de los medios de comunicación —la gente que quiere destruírnos— están preocupados por eso. Y ellos tienen un plan para silenciar a aquellos que no están intimidados por el miedo a la difamación. Lo que ellos pretenden hacer es proscribirnos, o al menos hacer ilegal para nosotros decir lo que pensamos. Ellos están trabajando mucho en eso en varios frentes.

El concepto de "delito de odio" fue introducido entre el público estadounidense hace dos décadas por el grupo de presión judío más poderoso de Estados Unidos, la Liga Anti-Difamación de la B'nai B'rith, la ADL. Como es por lo general el caso con los planes judíos, aquél estaba basado en la hipocresía y el engaño. El primer movimiento fue persuadir a los políticos para que implementaran la legislación que haría de cualquier clase de vandalismo dirigido a una iglesia u otro edificio usado para objetivos religiosos una nueva clase de delito, sujeto a penas más severas que el vandalismo ordinario.

Algunas personas preguntaron por qué necesitábamos tal ley, puesto que el vandalismo ya era ilegal. ¿Por qué necesitábamos una ley especial que definiera el vandalismo contra una iglesia o sinagoga como un delito más serio que el vandalismo ordinario? Bien, los políticos no iban a hilar tan fino en cuanto a tales asuntos y a arriesgar ser vistos como anti-religiosos, de manera que la propuesta de la ADL rápidamente se convirtió en ley en varios Estados. Ésa fue la primera ley de "delito de odio".

La segunda iniciativa fue un "proyecto de ley modelo de terrorismo étnico", que la ADL vendió a diversas legislaturas estatales donde ellos tenían una influencia especial. Aquella ley definiría como una nueva ofensa criminal un acto de terrorismo dirigido hacia cualquier miembro de una minoría religiosa o étnica. Un acto de terrorismo podría ser un asalto físico, o un mero rayado que pudiera intimidar a miembros de una minoría religiosa o étnica. La legislatura del Estado de Nueva Jersey estuvo feliz de convertir en ley el proyecto modelo de ley de terrorismo étnico de la ADL. Nuevamente algunos preguntaron por qué era necesaria dicha ley, pero ellos fueron ahogados por los medios de comunicación, que estaban firmemente a favor de tal ley, y por los políticos, que estaban impacientes por obedecer.

La ADL tuvo entonces su pie en la puerta, y con la ayuda de una implacable campaña de propaganda por parte de colaboradores en los medios de comunicación comenzó a condicionar al público para aceptar la noción de "delito de odio" como un tipo especialmente despreciable de delito que requiere una nueva legislación y un castigo especialmente severo. La novedad acerca de esta noción consiste en que un procesamiento criminal puede estar basado en los pensamientos del criminal más bien que en sus acciones. Esta noción es detestable para las ideas occidentales sobre la justicia, pero en un Estados Unidos cada vez más multicultural, las ideas y las tradiciones occidentales tienen menos peso que en el pasado, y la noción de "delito de odio" ganó una creciente aceptación pública a lo largo de los años '90.

La legislación de "delito de odio" ya ha sido decretada en muchos Estados. De esa manera, hoy, si yo golpeo a otro Blanco en la nariz, ése es un simple caso de asalto, un delito de menor cuantía. Pero si golpeo a un judío o a un negro o a un homosexual en la nariz, eso puede ser un asunto mucho más serio. Eso puede ser un crimen, y puedo ser castigado mucho más severamente que lo que yo lo sería por golpear a un Blanco. Todo depende de lo que yo estuviera pensando antes y en el momento en que lancé el golpe. Y para determinar lo que yo estaba pensando, el gobierno puede investigar mis asociaciones, mis afiliaciones políticas y religiosas, mis hábitos de lectura, e incluso el tipo de música que escucho. Los acusadores pueden citar a mis amigos e interrogarlos acerca de mis opiniones sobre la raza, los judíos o el homosexualismo.

Otras organizaciones judías se han subido al carro de la victoria del "delito de odio" de la ADL, y siguen insistiendo por una legislación de "delito de odio" aún mayor. Simplemente tenemos que extrapolar la tendencia de la década pasada para predecir con confianza que los judíos tendrán leyes estatales de "delito de odio" en cada Estado así como en el nivel federal antes del final de esta década. Uno espera que las "patatas de sofá" [couch potatoes, gente perezosa e inactiva que pasa su tiempo viendo mucha televisión] y los lemmings estén de acuerdo con cualquier cosa que sus pantallas de televisión les digan. Uno espera que esa muchedumbre sin alma ni fuerza de carácter trague sin protestar en absoluto cualquier cosa que los judíos digan.

Lo que me resulta deprimente es que los abogados, los jueces y los legisladores —la gente que debería haberse opuesto a esta perversión de nuestro sistema judicial, esta degradación de nuestro sistema legal, con cada trozo de fuerza e influencia que ellos tienen— se han sentado sobre sus manos y han mantenido cerradas sus bocas por miedo a ser difamados.

Pero bien, eso está lejos de ser lo peor. La siguiente fase —y ellos están ya avanzados en esa fase— es criminalizar la "expresión de odio". No hay realmente un paso tan grande desde las actuales leyes de "delito de odio", que basan el castigo por un delito en el tipo de libros que un hombre lee, a las leyes de "expresión de odio", que castigan a un hombre por lo que él dice o escribe.

Hoy el gobierno puede subir la categoría de un delito menor a un crimen si un hombre expresa opiniones que la ADL juzga "odiosas". Mañana, encarcelaremos a un hombre simplemente por expresar aquellas opiniones. Durante los últimos años ellos han estado enseñando a los modernos comentaristas de la ley a charlatanear acerca de cómo la libre expresión nunca fue una cosa absoluta de todos modos, porque nunca hemos tenido el derecho de gritar "¡Fuego!" en un teatro atestado, y entonces realmente no deberíamos oponernos a unas pocas restricciones más.

Ahora ellos están jugando con el aspecto global: Estados Unidos, nos dicen ellos, está desfasado con respecto a todos los países más progresistas del mundo. El discurso Políticamente Incorrecto ya es criminalizado en Canadá, el Reino Unido, los Países Bajos, Francia, Alemania, y en la mayor parte de los otros países Blancos. Estados Unidos se está quedando atrás. Tenemos que modernizar nuestro sistema legal a fin de alcanzar al resto del mundo. Etcétera.

Y usted sabe, no son sólo los judíos los que impulsan este esfuerzo de desechar la Primera Enmienda [derecho de expresión, libertad de reunión, libertad de prensa y libertad de religión]. Ellos han reclutado a su habitual surtido de aliados: no sólo políticos Gentiles en espera de su oportunidad sino también la misma clase de chusma y resentidos odiadores que componen la coalición de Clinton, gente que tiene un rencor contra la sociedad Blanca y heterosexual, gente que por dentro arde de resentimiento por humillaciones reales o imaginadas que ellos han sufrido a manos de hombres Blancos que eran libres de dar su opinión. Las feministas radicales se destacan igual que los judíos en la vanguardia de este esfuerzo por amordazar a aquellos que no están de acuerdo con ellos.

Más generalmente, la noción de no permitir a la gente escribir o decir cualquier cosa que pueda ofender a alguien apela a la mentalidad femenina, sin tener en cuenta el sexo, lo cual es decir que hay demasiados hombres Blancos así como mujeres hoy que estarán de acuerdo con los jefes de los medios de comunicación en cuanto a que realmente tenemos que renunciar a nuestro derecho al discurso ofensivo a fin de asegurar la tranquilidad en esta sociedad cada vez más multicultural, donde tantas personas son tan fácilmente ofendidas.

Estos pensadores femeninos le asegurarán a usted que ellos están totalmente a favor del discurso libre, y que ellos son partidarios en un 100% de la Primera Enmienda; que la única clase de discurso que ellos quieren criminalizar es el discurso ofensivo. Ahora bien, eso no es mucho peor que prohibir a la gente gritar "¡Fuego!" en un teatro atestado, ¿verdad?, y tendremos una tranquilidad mucho mayor, seremos capaces de consumir en una mucho mayor comodidad y seguridad si a la gente no se le permite ofenderse mutuamente. Eso vale la pena, ¿no?.

Y eso será muy fácil, porque ya tenemos a expertos que nos dirán precisamente qué discurso es ofensivo y por qué clase de discurso la gente tiene que ser encarcelada. Aquellos agradables muchachos judíos de la Liga Anti-Difamación lo harán por nosotros, con la ayuda de aquellos otros agradables muchachos judíos del Centro Simon Wiesenthal y del Southern Poverty Law Center.

Todo este negocio de impedir a la gente decir o escribir cosas "odiosas" ha ganado mucha urgencia con el crecimiento de la Internet. Solía ser que la gente que quería decir cosas que la ADL consideraba ofensivas se limitaba a volantes y folletos, porque los otros medios estaban bastante asegurados por la gente del lado de la ADL, gente de la misma tribu. Pero la Internet ha cambiado todo esto, al menos por el momento.

Ahora una persona no tiene que ser un millonario ni tiene que tener bastante dinero para comprar su propia red de televisión a fin de ser capaz de decir al mundo entero lo que está en su mente. La gente en la ADL considera a aquélla una situación muy peligrosa, y ellos están trabajando horas extras para protegernos de ella. Ellos ya han desarrollado un "filtro de odio" de la ADL, y están ocupados persuadiendo a escuelas y bibliotecas públicas para que lo instalen en todos sus computadores. Ese "filtro de odio" impide a estudiantes o usuarios de biblioteca leer algo en un sitio que los expertos de la ADL consideran que es ofensivo. ¿No es eso grato de parte de ellos?.

Mucho más está en juego que el derecho de disidentes como yo a disentir. Nuestra libertad entera está en juego y, más allá de eso, nuestra supervivencia racial. Los agradables muchachos judíos de la ADL entienden eso, que es por lo cual ellos tienen una campaña contra la Segunda Enmienda junto con su campaña contra la Primera Enmienda. Nosotros deberíamos entenderlo también.–





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